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Programa Campamento Familiar Baratillo 2014
fuente: EHE

Myrtie Howell era una cristiana devota. Pero había vivido una vida difícil. Su familia era muy pobre. Cuando tenía diez años, abandonó la escuela y se fue a trabajar a una fundición de acero donde le pagaban diez centavos por día. Se casó a los 17 años de edad. Pero cuando apenas tenía como 40 años su esposo murió en un accidente. Y cuando pasó eso, perdió su casa. Tuvo que regresar a trabajar para mantenerse a sí misma y a sus tres hijos.

Años después, su salud comenzó a declinar y se tuvo que ir a vivir a un asilo en un viejo edificio de varios pisos. Pocas semanas después, su hijo menor murió. Fue entonces que cayó en una gran depresión; la amargura había entrado en su corazón. Ella dijo: “Señor, ¿qué más puedo hacer para ti? He perdido todo lo que alguna vez significó algo para mí. Y ahora aquí estoy metida en este cuarto obscuro y sombrío. ¡Ya no me queda nada por qué vivir! ¡Quiero morir! Ya estoy harta de esta cárcel. Llévame a casa.” Más tarde Dios habló claramente al corazón de esta prisionera. Él le dijo: “No he terminado contigo todavía, Myrtie. Escribe a los presos.”

De manera que escribió una carta y la mandó a la penitenciaría de Atlanta. Y esto es lo que decía la carta: “Querido recluso, soy una abuela que lo ama y se preocupa por usted. Estoy dispuesta a ser su amiga. Si quiere que siga en contacto con usted, escríbame. Responderé a toda carta que me escriba. Su amiga cristiana, la abuela Howell.”

La carta fue entregada al capellán de la prisión. Y él le envió los nombres de ocho presos a quienes les podía escribir. Un ministerio cristiano para presos le proporcionó otros nombres. Pronto se estaba carteando con cerca de 40 reclusos al día. Ella llegó a ser un ministerio de una sola persona que alcanzó a muchas prisiones en los Estados Unidos.

En su amargura, ella dijo: “Pensé que mi vida había terminado.” Después agregó: “¡Estos últimos años han sido los que me han dejado mis mayores satisfacciones en la vida! ¡Le doy gracias al ministerio cristiano que me manda los nombres! Pero sobre todo, ¡le doy gracias a Jesús!” Myrtie Howell llegó a ser una gran misionera para Dios, desde su departamento de una sola habitación.

Pienso que aquellos de nosotros que logramos vencer o superar nuestra propia amargura y egoísmo y que nos dedicamos al entrenamiento de las vidas de nuestros hijos podremos también algún día decir, junto con Myrtie Howell: “¡Estos últimos años han sido los más satisfactorios de mi vida!” “Pero sobre todo, ¡le doy gracias a Jesús!”