Sábado 18 de noviembre de 2017 NOTICIAS  |  VIDEOS


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Reí, lloré, y me alegré
por Mike Richardson

A lo largo de casi veinte años en México, como misionero y pastor, no recuerdo que haya faltado un servicio de la iglesia mientras estuviera en casa. Pero las últimas semanas me han traído una multitud de problemas respiratorios que resultaron en diez días de estar completamente en reposo en la cama, dos viajes al hospital y muchas noches más de dificultades.

Hoy por fin me he regocijado en esta enfermedad —me reí, lloré, y alabé al Señor. Necesitaba perder mi tercer servicio de la iglesia al hilo. Fue difícil para mí, yo amo a mi iglesia y su gente, pero tenía miedo que una de mis muchas infecciones puedieran contagiar algunas de las personas de edad avanzada. Así que me quedé en casa. Después del servicio en la iglesia, Steve Poston, mi amigo que hizo el esfuerzo de conducir todo el camino hasta aquí, sólo para predicar, se acercó a la casa para visitarme durante unos minutos. Me explicó que había compartido un mensaje sencillo titulado: "¿Estás seguro de que eres salvo?"

Al final del servicio, Yaneth se acercó y dijo: "Estoy cansada de ir a la iglesia sólo para escuchar." Ella continuó explicando que a pesar de que ha estado en dos iglesias diferentes nunca se había arrepentido de sus pecados. Luego hizo una oración dulce diciendo: "Dios yo soy tu vaso, por favor lléname!"

Reí, lloré, y me alegré cuando me enteré de la historia. Y sí, también dí gracias al Señor que ¡yo estaba demasiado enfermo para predicar esta noche!