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Vida y Muerte
por Mike Richardson

La cultura mexicana siempre ha sido muy diferente a la de los Estados Unidos. En los Estados Unidos manda el reloj; pase lo que pase debemos estar a tiempo. Esta dependencia en el reloj ha hecho que muchos, que ven a nuestra cultura americana desde afuera, digan que es una la cultura “fría”—una que piensa más en el reloj que en la gente.
México es una tierra en donde la siesta y la fiesta son rey. La gente siempre ha sido la parte más importante de la cultura mexicana. Todo gira alrededor de las personas con las que te encuentras en ese momento.

El primero de febrero de 2011, los traficantes de drogas y otras pandillas inundaron de violencia a cuatro ciudades principales. Hubo bombazos, balaceras, detonación de granadas, asesinatos, saqueos y destrucción. El mensaje que estaban tratando de comunicar era claro: podemos aislar una ciudad y a sus habitantes en el lugar y momento que queramos. Esta no es la primera vez que se envía este mensaje y probablemente tampoco será la última. La violencia y los ataques no provocados han llegado a ser la norma en muchas partes de nuestro amado país.

El aislamiento, la violencia, el temor, la incertidumbre y la continua falta de seguridad están ocasionando un cambio significativo en la cultura del país y de su gente. Sus ciudadanos ya no sienten la libertad de salir a un restaurante o de ir en automóvil a algún lugar por la noche. Las reuniones concurridas con familiares y amigos han dejado de ser la norma. Temen a lo desconocido, a aquello que puede estar rondando afuera de sus casas. Como resultado las personas están volviéndose más y más aisladas y encerradas. Este temor, este aislamiento, también está creando un ambiente en el que las personas están buscando respuestas.

Es obvio que las personas están buscando una solución a la violencia pero la misma violencia hace que se pregunten: “¿Qué sucederá después?” “¿Qué ocurre después de esta vida?”

En la carta a los filipenses Pablo nos dice que sus cadenas hacían que los demás hermanos fueran más audaces al testificar del Señor. Su encarcelamiento los inspiraba a ellos a predicar la palabra sin temor.

Filipenses 1:12-14 Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido, han redundado más bien para el progreso del evangelio, de tal manera que mis prisiones se han hecho patentes en Cristo en todo el pretorio, y a todos los demás. Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor.

Literalmente hay miles de personas cerca de nosotros las cuales están batallando con los eventos traumáticos que nos rodean. Están buscando respuestas, y la verdad es que tú, mi amigo creyente, tienes las respuestas que ellos necesitan.

Es mi oración que Dios conceda a la iglesia en México la sabiduría para utilizar este tiempo y estas oportunidades para salir adelante y proclamar con denuedo el evangelio a todos los que estén dispuestos a escuchar; a proclamar sin temor, sin preocuparse por el día de mañana. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 Timoteo 1:7

Estos y otros eventos similares han impactado dramáticamente mi vida, mi actitud, mi perspectiva, mi razón de vivir de manera que nunca serán como eran antes.

Hubo un tiempo en el que deseaba vivir una larga vida y llegar a viejo. Ese ya no es mi caso. Ahora deseo, más que cualquier otra cosa, estar con el Señor. Ahora entiendo mejor que nunca que estar ausentes del cuerpo es estar presentes con el Señor. Ese temor interno e inexpresable de que se vaya a acortar mi vida, se ha ido. Puedo libremente salir y proclamar con audacia la Palabra de Dios a aquellos que la necesitan.

Esta realización no solamente ha impactado mi predicación en nuestra iglesia local sino que también ha cambiado lo que estoy haciendo, y cómo estoy enfocando mi alcance a las demás personas.

Ciudad Mier es un área que ha sido impactada por una violencia significativa. El nuevo alcalde dijo en una entrevista que él quería “cambiar la imagen” de la ciudad. El Señor ha abierto la puerta para que me entreviste con él y le explique, con la Biblia, cómo Dios desea cambiar no solamente a la ciudad sino también su propia vida.

Estoy terminando un librito que preparé para los militares mexicanos quienes están arriesgando sus vidas para ayudar a las personas a vivir en paz y para las personas que se han visto afectadas por la violencia. Comienza explicando la necesidad que tenemos de vencer la amargura y el rencor, y explica cómo la amargura afecta nuestra relación con Dios y con otros. Luego procede a describir en detalle lo que la Biblia dice acerca del cielo y del infierno. El librito termina explicando cuidadosamente el plan de Dios para la salvación de los hombres. Una vez impreso, estaremos distribuyendo miles de estos libritos a los militares y a las personas afectadas por la violencia. Creo que Dios utilizará su Palabra, escrita en este librito, para traer a muchos a la salvación por medio del conocimiento de Jesucristo.

Además de estas actividades, continuamos adelante con nuestros esfuerzos para ministrar a las familias cristianas a través de la revista El Hogar Educador, así como también organizando conferencias. Tenemos programadas conferencias en Pachuca, Guadalajara, Saltillo y Sonora para el 2012.

Muchos de ustedes habrán oído que la esposa de un misionero americano fue asesinada recientemente en el norte de México. Algunos, tal vez muchos, han sentido lástima por esta familia y por el sacrificio que hicieron para llevar adelante el progreso del evangelio. Nunca sientan lástima por un misionero, por aquellos que salen para cumplir el mandato de Jesucristo de predicar el evangelio. Nosotros estamos donde realmente está la acción; donde Dios está trabajando en los corazones y en las vidas de personas. Estamos viviendo donde convergen la vida y la muerte; donde el pecado y la gracia se juntan; donde el cielo y el infierno luchan por las almas de los hombres; donde el Dios viviente está obrando su voluntad en las almas de los hombres.

Muchos han proclamado en voz alta que todo creyente es considerado un misionero. Si esto fuera cierto, entonces todos y cada uno de ustedes puede quedarse donde están; no habría razón para dejar la comodidad de su hogar para predicar el evangelio. Pero esto no puede ser. Porque verán, ¿cómo escuchará un soldado mexicano sin un predicador? ¿Cómo verán el evangelio los narcotraficantes sin un ejemplo viviente? ¿Cómo podrán llegar a conocer el poder salvador del evangelio los que han sido afectados por la violencia?
Dios con frecuencia da segundas oportunidades a las personas. Algunos hasta han dicho que Dios es el Dios de las segundas oportunidades. Sin embargo, todo agricultor sabe que una cosecha que ha madurado debe levantarse. No hay una segunda oportunidad para recoger una cosecha que ha madurado. Ahora es el tiempo de marchar hacia delante con valor proclamando el evangelio, sin temor. Pida a Dios que abra su corazón y su mente para que comprenda las maneras en las que Él quiere que se involucre en la obra misionera; en los corazones y en las vidas de la gente.

Algunos podrán decir que mis planes son muy grandes; que yo soy solamente un hombre. Pero la verdad es que si el evangelio es la verdad, si realmente hay un cielo y un infierno, y si el destino eterno de los hombres está en juego, entonces mis planes no son muy grandes, más bien son muy pequeños.

Solamente la muerte podrá detener mis esfuerzos por alcanzar a familias mexicanas para Cristo.